SEBASTIANA surgió de una necesidad identificada por los propios ganaderos de ovino de raza castellana, “quienes observaron que algunos de sus animales producían lana con características comparables a las mejores calidades internacionales, como las de Australia, Uruguay o Nueva Zelanda”, cuenta Daniel Martín, de IMASDE AGROALIMENTARIA y jefe de equipo en este proyecto.
Los ganaderos notaron que la fibra de lana de algunas ovejas castellanas mostraba características similares a la de las ovejas merinas, que son comúnmente las más valoradas. Por tanto, fue la propia inquietud de los ganaderos por dotar de mayor valor a sus producciones la chispa que dio origen a este proyecto. “La idea surgió a raíz del bajo precio recibido por la lana. Y un día, pasando ovejas merinas y castellanas por la manga, nos dimos cuenta de que había ovejas castellanas que tenían una lana muy similar a la de las merinas. Tomamos muestras, se mandaron a analizar y vimos que había un micronaje que podía ser bastante aceptable para la industria textil. Ese mismo año hicimos la primera esquila, se mandó a lavar y vimos que los resultados habían sido bastante buenos. De hecho, se estaba importando lana de otros países cuya calidad era mucho peor que la que teníamos nosotros aquí”, expone Juan Antonio García, ganadero y propietario de EL NAVAZO y del centro de transformación de lana OVINTEGRAL.
A partir de ahí, el siguiente paso para dar forma al proyecto y hacerlo viable fue contactar con el resto de socios, para conformar el consorcio.
“Desde el principio se adoptó un modelo transversal que englobase desde la selección en campo hasta la clasificación de calidad, valorización y comercialización de la lana con el fin no solo de rentabilizarla, sino de hacer un proceso más sostenible ya que, actualmente, las fases de esquila y procesado de lana son procesos muy ineficientes, hasta el punto de que se requiere buscar lavaderos en el extranjero”, explica Daniel Martín.
Primeros pasos
“Lo primero que necesitábamos para comenzar a trabajar era determinar qué tipo de lana y qué calidades estábamos manejando”, recuerda Concepción González, representante de ANCA.
Para comprobarlo, el primer paso era disponer de maquinaria específica para hacer esas mediciones. “Para ello, se adquirieron dos equipos de medición financiados por el proyecto: FibreLux y OFDA”, continúa Concepción.
El FibreLux es un equipo portátil que utiliza un método óptico para medir las fibras de lana. “La gran ventaja es que tiene una pequeña batería y se puede utilizar en cualquier sitio. Se carga una pequeña muestra de lana -admite lana sucia, tomada directamente en las explotaciones- y de forma rápida ofrece el resultado sobre la calidad de la lana”, detalla.
“El OFDA incorpora una técnica láser bastante más compleja, de hecho, es un aparato que solo se hace bajo pedido”, añade la representante de ANCA. Y al igual que el FibreLux, mide la fibra, pero ofrece muchos más parámetros. “El parámetro más aparente, y el que primero se mide, es el del diámetro de fibra, pero también da datos sobre densidad y confortabilidad, es decir, otros parámetros de calidad de lana mucho más exhaustivos que complementan el análisis”.
Genética y rentabilidad
Para conseguirlo, un enfoque clave del GO SEBASTIANA es establecer un criterio objetivo para evaluar la calidad de lana e identificar y seleccionar genéticamente a los mejores animales.
La explicación la da Mari Ángeles Jiménez, de OVIGEN. “La homogeneidad en la calidad de la lana es fundamental, porque es la base para incrementar la rentabilidad de la producción ovina a través de la comercialización de la lana, que es un subproducto que hoy en día prácticamente no genera beneficios para el ganadero y supone un coste por la esquila”.
Aquí es donde interviene GENOVIS. “Nuestra actividad fundamental es la obtención de datos, principalmente de los sementales que se usan en las explotaciones de diferentes razas, para obtener un determinado número de parámetros que nos permitan valorar la calidad genética en carácter de producción de lana de los animales”, describe Luis Ernesto Reyes. “Para ello, obtenemos el peso de vellón total de lana de los animales, la longitud de la fibra y el grosor de esa lana. Esos datos genotípicos se transforman en información genética, que permite clasificar los diferentes sementales y usar para la diseminación de esos caracteres determinados animales, que son los que mayor calidad de lana y mayor producción transmiten”.
Revalorización
Todo ello es necesario para mejorar los canales de comercialización, especialmente para pequeñas y medianas ganaderías que trabajan con razas autóctonas, y dar valor a esa lana que actualmente no tiene salida en el mercado.
“Queremos que este espacio de transformación suponga un auténtico despertar para muchos ganaderos y ganaderas. Esto supondría que fibra que entra en el mercado con un valor del orden de 20 céntimos el kilo, a medida que va pasando por los diferentes estadios de transformación -la abridora, la transformadora, la hiladora…-, puede llegar a alcanzar un valor de 120 euros el kilo, o incluso superior, siendo un sello de exclusividad y autenticidad de calidad y, sobre todo, de hacernos responsables de forma conjunta los transformadores y los ganaderos de llevar un producto de alta calidad de forma directa a esos nichos de mercado donde se demanda”, resume Esther Chamorro, cofundadora de Proyecto DLANA y de OVINTEGRAL.
Aunque cerrar el círculo no es tarea fácil, Esther concluye: “Nuestra experiencia avala que no solo es posible, sino que, en ese camino, todos podemos ganar muchísimo más”.